Los abrigos y chaquetones voluminosos ocupan, prenda por prenda, mucho más espacio que cualquier otra categoría de ropa en el armario, y sin embargo suelen revisarse deprisa, como si fueran una parte más del conjunto general. Dedicarles una revisión aparte permite ver con claridad cuántos hay realmente y si todos merecen seguir ocupando ese espacio.
Sacar todos los abrigos y colgarlos juntos en un mismo sitio, aunque sea temporalmente, ayuda a comparar unos con otros de una forma que resulta casi imposible cuando están repartidos entre distintas perchas del armario. Esta comparación directa suele revelar prendas muy parecidas entre sí que en la práctica cumplen la misma función.
Conviene fijarse también en el estado de cada abrigo, ya que estas prendas suelen usarse durante muchos meses seguidos y sufren un desgaste distinto al del resto de la ropa, sobre todo en cuellos, puños y bolsillos. Una revisión específica permite detectar a tiempo pequeños arreglos antes de que la prenda empiece a usarse a diario.
Quedarse solo con lo que realmente se usa
Entre los abrigos revisados, conviene distinguir con sinceridad cuáles se han usado de verdad la temporada anterior y cuáles han permanecido colgados sin que nadie se los pusiera. Esta distinción resulta mucho más fácil de hacer cuando todos están juntos y a la vista al mismo tiempo.
Los abrigos que ya no se usan, pero que siguen en buen estado, pueden donarse en lugar de seguir ocupando el espacio más valioso del armario. Liberar este espacio suele notarse mucho más que hacerlo con prendas pequeñas, precisamente porque cada abrigo ocupa varias veces más sitio.
Revisar el abrigo por separado del resto del armario, aunque solo se haga una vez al año, mantiene esta categoría bajo control de una forma que rara vez se consigue si se mezcla con el resto de la ropa. El armario entero se beneficia del espacio recuperado en esta única zona.